HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Mirar las hierbas. El vaivén que masticaste en ese lado de la corriente que se secó a cuatro cuadras de tu casa, ahogada en la mía.
No preguntar nada de esa PI. Evitar que el lenguaje se intrometa y amargue con su angustia el viento congelado que ya lo decidió donde no estaríamos. La oruga siguió comiendo esa hoja.
Me separa mi voz de lo que amo, de lo que nombro, de lo que trato de permanecer en mi pecho.
30 minutos con los ojos abiertos buscando sus ojos cerrados en las ramas del peral. Mientras tu auto se estrelló 20 veces en la misma curva el mismo martes después del cine.
Si me parezco a lo que buscas es que te queda muy poca fe. Es duro caminar cansado y aferrarse a lo que es fuego y ceniza... creyendo que es una cama y una estufa.

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