HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Pierdo la noción de los días, lo que giran las horas en esa autopsia de tu fin en el interior de las acuarelas.
Aprieto mi soledad bajo la lengua del río. Todo es posible y es su negación. Sólo me es cierto el canto.
Soy una pregunta quemada, no cruzando por tu calle, con ese papel debajo de la rendija de tu puerta, con ese olor desaparecido menguándote en el cuerpo la latitud de mi noche cerrada, con mis paredes flaqueando el instinto de guerra de un ojo de cristal que rueda en el suelo y reconoce tu mirada.
He dejado de buscar en los tambores de los pielesrojas al corazón del éter, porque me separaba del poema. Aún no comprendo que escuché debajo de esos olmos para haber cargado el camino sobre los hombros y soltarlo en esa hoguera... con mis ojos helados.... de un retorcimiento de la ley de gravedad abrazándote mis huesos del exilio.

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