HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Pronto me iré. Y espero arreglar la desesperanza en el monte y en la soledad.
Soy puntiaguda del desajuste y del desastre. Cambio radicalmente bajo estos ciclos de inconclusión y distancia. El desengaño y la despedida a todo lo que me rodea, es parte de la urdimbre de las metáforas, es el momento sombrío de la escritura y se escribe en mi nada, esas terribles palabras que al otro lado de la orilla son canciones. Sólo hay que seguir el viento. En el fondo no hay nada más qué hacer. Quitarse peso de encima, y quemar el equipaje. Sufro, porque aunque no lo reconozca, estoy evocando algo que no está. Llorando una quimera.Y dándome demasiada importancia en su absurdo y en la ausencia.

Hay días de suicidio. Siempre vuelven esos días.  Días de apatía y de rabia. De no saborear el cigarrillo ni el viento ni el sorbo de vino ni la risa, ni querer ir a ese lugar que me hacía feliz, ni querer escribir los sueños. Y sentirlo todo como una muerte que no acaba de matar.
Son parte de los esquejes de la guitarra. La presencia de la muerte luego retumba en la belleza cuando al fin podemos volar.

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