HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Se acabó todo aquello. Ahora es mi anonimato. Ya no es sujeto, ya no es cuerpo, ya ni siquiera es sombra. Se ha dado la vuelta la máquina de escribir en un cadáver que flotaba sobre la mar. Y la tinta, no era la podredumbre, no era el grito mudo, no era el tiempo, no era la ola, ni era la distancia, ni nuestra soledad.  Lo sabemos. Pero no en lo sabido. Sino en lo ausente. 
Hoy moldeo el contexto del que nunca volveré a hablar... al sacar por la ventana el humo y chupar veneno de avispa. La palabra que suena, es en parte su suicidio, en parte su resurrección. Pero es también la formación de otra vida. Yo no seré en ella, ni pared que sujeta al borracho, ni borracho que sujeta mi anémica penumbra. Seré una desviación poética o fanganosa. Y sólo mi anonimato sabrá porqué. Esa capa del hecho, será estiércol en las amapolas, sera ese pájaro que a veces aparece muerto entre los maizales. Al poema no le gusta. A mí no me gusta. Al canto de la noche tampoco.  
Por eso es hora del escenario a puerta cerrada. Lindes de cuervos tomándote como abrigo. No hay verdad, no hay mentira en todo esto. Nunca lo hubo. Agité campanas en un sepelio del que no hubo memoria ni olvido. El muerto era yo. El muerto no era yo.  La tierra no dijo nada. La música siguió sonando.

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