HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Se ha ido la casa de la casa que arañaba mi epitafio, tu ramaje, esa flor sepia destiñendo las fotografías.
Ya no metemos hacia dentro la sombra copada. Ya no clavo puntas en la grieta para creer en la salida ni en la urdimbre de un adiós y una pala, oh viento de vino, llegué tarde para encontrarte con la canción acabada, llegué tarde y esas pastillas, al lado de una botella, cerraron en mis ojos el cauce de la guitarra.
Porque ya de vieja, hablé mucho con guijarros, con la pobreza del roto de mi falda, de tu ombligo como un botón sin hojal, al borde, de un orgasmo besando el suelo, y mi piel tan fría, tan lejana la luna, tan pequeños de pequeñez gigante,  rodeando 500 km para no pasar por tu puerta.

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