HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Soñé que todo moría. Por eso me desperté debiendo una línea rota a esa alcoba de murciélagos. Tus paños siguen mojados de lluvia en esa acera por la que ya no paso. Hay muchos tús en esos paños. Por eso duele menos y es antipersonal, es urdimbre, es despedida y amor. Mi sombra no pregunta demasiado. Reclama en el incendio del teatro, una flor y una ausencia que nutren el mismo canto donde nunca descansa mi cuerpo. 
Me he ido siempre en busca de mi nada,  cuando dejaron de nombrar la mar, los pasos y las palabras, fuera de mi soledad. Y ha sido cada vez con más fuerza, con más deficiencias a la hora de voltearse.
Lo raro, es que hoy lejos de todo, quiero seguir marchándome, como si me molestara en la terminología de lo inerte del recuerdo, aún, lo que ya no está. Y entonces la huida, es de pan con moho debajo del brazo, escalando montañas en los dedos, libros del delirio en tu escritorio serrado. Sin después. Sin aguarda el piano, nuestros cuerpos, ni para un suicidio.
Me he vuelto tan vulnerable al trazo, a lo concreto, a lo asible, tan frágil y pequeña, tan suicida en sus ojos.. que mi camino va hacia el fuego y todas las despedidas.

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