HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Soñé.. una especie de poema... era tan oscuro que me dio hasta espanto convencerme de su belleza. Era muy largo.. sólo recuerdo el significado, no los versos, y defendía la muerte y el absurdo de la vida. Era un raro alegato del existencialismo de la más profunda despedida. Algo en mi otro yo del sueño, luchaba contra el poema, y el poema se elaboraba más titánico a través de romper mi optimismo y sus quejas.
Tal vez ha surgido por una especie de tristeza rabiosa que vengo trayendo conmigo.
Tal vez porque ayer leí a Pedro Páramo y los diarios de Kafka.
Pedro Páramo me dio éxtasis.... me hacía reír a veces y sentía un apasionamiento y una fascinación vital a ese perfume de la desolación y el paso del tiempo encerrado en una huella removida por la calima y haciendo y deshaciéndose, una y otra vez, hacia ningún camino con todos los caminos en su faz de fuego, sin haber secado nunca la sangre ni hallado ningún fin.... pero al final del libro, lo leí con profunda angustia... creo que mi angustia empezó cuando Juan Preciado empezó a hablar dentro de la caja de madera... y se murió el sueño de Comala en mí y la idea de la continuidad y la salida, y odié en su madre a todas las madres y a toda la descendencia de la tierra.  Me hizo polvo. Lo leí con una neurosis de carcoma en mi propia idea de la palabra y de mi existencia. Lo leí sufriendo bajo un deja vu de algo que nunca conocí y que corría por mis venas. Dejé de disfrutar de su belleza, excepto en Susana. La otra belleza me llegaba como un cuchillo del que no sabía deshacerme y que no podía dejar de hundir en mí.

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