HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Tenía miedo a perder lo que no estaba, porque ya se había perdido.
Es el humor amargo del poema. La nostalgia de arlequines borrachos que no pueden dormir y abofetean en mi cara calderos de pintura. Y llenos de cubismo en la cabeza, rompemos la pared con cachos de pared haciendo pirámide.
Esperaba un milagro, en mi ventana de tormenta. Agasajada a la maldición de un verso.
Y en esa ausencia, de miles siglos, decía un nombre caricaturizado, por la muerte de los dos que llegamos con el anonimato como un escudo y una flor.

No hay comentarios:

Publicar un comentario