HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos


A Kavka le llamo con miles de nombres como, el serpenteador, el agujereador, el cucurucuru, el garrapateodorin, el garrapateador, mi kavkina, kavkolo, kavkiano, boleador, golondrino, la kale borroka, mi avanti popolo, mi vamos a kavkear, y otros muchos que ya no recuerdo, él tiene en sus ojos escritos todos los nombres que alguna vez supieron cantar. 
Mi relación social más cercana y perpetua es con el perro.  Acá sentimos por el mismo lado la lluvia y el vacío de la estación de tren. Nos hacemos a imagen y semejanza de lo que no existe y de los poemas del monte.  Tenemos los mismos intereses ante el futuro y pedimos lo mismo al aire y a la esperanza.  Y él me enseña a valorar los palos caidos, esa flor amarilla que parecía igual a las otras mil pero era hija de otro vientre..., los agujeros en la tierra, los huesos perdidos en el monte, las burbujas del río, los olores de la hierba, el eco del trueno y del olvido.  Me empuja a sitios sin asfalto, donde huele a pis de zorro o a paso de jabalí y nos quedamos medio ausentes, medio por fin vivos del todo, mirando una oruga y una cigüeña.  Él me ayuda a mirar a los vecinos del pueblo, como se mira a las gallinas o a la lluvia escurrir por el cristal, sin rencor político, sin oscuridad. Y me hace sentir más interesantes a los gatos y a los moscardones y al topo que horada el petricor... y esa esquina que parecía una esquina cualquiera, pero tenía musgo, tenía encima un nido que cagaba todo blanco y luminoso mientras todos duermen.

Yo ya estoy descatalogada del todo de la humanidad. Soy cada vez más torpe y amnésica de su suyo, de mi mío. 
Mi experiencia vital, es mucho más ficticia que la literatura que he escrito basándome en ella. Está mucho más lejos de mí, que las pinturas y las milongas. Lo que yo creía saber de la vida y lo que alguna vez defendí y busqué, me es mucho más irrelevante que el granizo en los rosales.

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