HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Acá, ha habido, mil puertas destazadas con hachas, para quitar el peso de la llave, del guardar del dentro y del fuera. Del tragar el tictac de los relojes del otro. Del aceptar la mierda envasada de la fábrica y caja registradora, de esas casas, de esos porvenires que no hablaban el lenguaje de las estrellas. Destruí el horario de trenes, la lima de la palabra que viene después tu palabra. El encargo del amor cuando hay que depilarse, cuando hay que aparentar un verso intacto en la madrugada. El dame y te doy. El yo también he robado plegarias a la esperanza del callejón para vestirte contra mi olvido. 
He ido rompiendo y renunciando a todo lo que exigía, una antiespontaneidad frente a la entropía de mi deseo. He dejado libre el caos de mi derrota y el de la guitarra.
He olvidado escribirte cuando sólo tú conocías el verbo del silencio. 
Ya no leo las noticias, porque sé... que pase lo que pase, sólo leeré la necesidad de la guillotina en la plaza y los fusiles en las manos de los hambrientos.  Y que todos los otros hechos, sean de donde sean y digan lo que digan, son hijos de la ausencia de la revuelta social y la necesidad de la destrucción del capitalismo. Me da igual ya qué pasa ahí afuera. Porque sé lo que no pasa. Y es la revuelta. Y todo lo otro se me hace la repetición enferma de la manipulación de creer que podremos ir a algún sitio sin la revolución.

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