HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Acabo de llegar a casa. Me lavé la cabeza con agua fría. Y una cerveza. Tomar aliento. Subí un cacho de monte con el perro. Y luego volví a bajar y me senté a la sombra de un chopo. Y estuve allí sentada hasta perder la noción del tiempo. Durante un rato, al mirar la hierba tuve una rara sensación de estar en casa, una especie de deja vu perpetuo, como si hubiera estado toda mi vida y la eternidad en esa hierba, fue algo muy hermoso, y al levantar la vista a los montes me parecieron salvajemente hermosos y vivos, una belleza pletórica, un paraiso. Kavka se echó encima de mis piernas y nos quedamos bajo esa sombra tanto rato que cuando me di cuenta le dije al perro "Kavka tú tienes que correr, yo ya estoy cascada para correr mucho, pero tú eres un recien nacido, todas tuyas las estrellas" Y le anduve tirando palos para que corriera, y al poco se quedó mordiendo uno tumbado a la sombra. Y volvimos despacísimo, ebrios de calor y primavera. Me preocupó que Kavka tuviera alguna dolencia que le hace ser tan vago. Pero luego pensé que somos tal para cual, y que Kavka estaba muy a gusto en esa hierba a la sombra respirando viento limpio y oyendo a los pájaros, que no había ninguna prisa, ninguna cigüeña para perseguir, que vamos despacio, no vamos a ningún sitio, y vamos al Imposible y lo más lejos de la tierra dentro, de la mar arriba.
Luego se levantó el viento, y había árboles y brezos y muy distinta vegetación que danzaba. Y eso me hizo llorar de amor a la hierba. Y de un sentimiento más profundo, una especie de teoría de las cuerdas, algo inefable y durante un instante sentí que entraba y salía de otra dimensión.
A la vuelta sonó un cohete y Kavka se puso al acecho, le dije "Kavka no temas, son los cohetes de las marujas en fiesta" Hoy es esa fiesta, que la llaman Santa Rita, y se basa en una misa y bailes regionales y no sé qué historias a las que nunca fui.

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