HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora ésta hora de la tarde. El silencio. La pérdida retórica de las urracas en la bella hierba. Me gustaría haber sabido pintar, para escribir poemas sin palabras, el grito y la resistencia, el fantasma del bucle debajo de esa cama, removiendo las autopista de peaje en la privatización del cielo. 
El uso de las palabras, mi puta necesidad de ellas, me mantiene siempre en guerra conmigo. Porque ellas no son el principio ni el fin, son insaciables, se alimentan de la violencia de su hueco, de lo que no abarcan y detrás de ellas siempre está la ineficacia y la fractura de su matriz.

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