HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora ésta hora un poco absurda, de sueños de tramontana, de huellas invictas, del tiempo ya ha sido asesinado. Trazar paisajes descompuestos para calzar la inliquidez de tus preguntas en esa goma de borrar que robamos de todo lo amado.
Quiero ponerme a escribir, pero todavía tengo sueño y las palabras son expresionistas, no tienen cuerpo ni fin. La soledad es amante en días como estos, donde todo se dispone a los instrumentos de la naturaleza, del hueco-placenta que abre el horizonte y no pesa objetos ni pronombres. He estado descansando en el suelo, con un cojín en la cabeza, porque a éstas horas es el único sitio en el que da el sol...... he sacado desde ese perspectiva algunas fotos a la ventana  y al perro. Me gusta tirarme en el suelo, me da una sensación de abrigo, algo que me sujeta cuando los huesos quieren salir volando. Tal vez un recuerdo inconsciente de la infancia y del gatear antes de andar de pie. O todos esos juegos que se hacía sólo allí, rodando por la arena, por el monte o la nieve, o con los trenes de madera y las canicas. Y el tablero y el mástil estaba enclavado en el suelo. Y nos sentábamos allí al corro y a tabla de náufrago. Y las sillas y los sofás eran demasiado tristes y desalmados para calzar las estrellas.

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