HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ahora he de ir a buscar amapolas con el perro. He estado con Maraiz, y hoy he descubierto la belleza e importancia de ese capítulo, y lo que me molestaba ayer de ello, era el pavor de que fuera mío, pero al verlo de ella, se convertía en pasión. Lo he reducido a la mitad. Pero ya no quise cambiar el cuerpo, porque de ese vientre nacieron todas las despedidas de Maraiz, y también el motivo de Jiro para poner delante la tumba. 
Me quedan como 20 páginas, 40 caras de cuaderno.  Y como estoy escribiendo al tajo se quedarán en mucho menos. Esos últimos capítulos, ya no tienen atmósfera, Han cruzado una línea del tiempo y del espacio que los ahorca de ella, porque Maraiz ya no busca en el suelo que pisa. Porque el suelo que pisa es un agujero de gusano al aullido final y retroactivo de toda su vida.  Pero he de hacer esto visible. Aunque sea metiendo un par de líneas, que sepan a anacoluto. Y en su ruptura, digan el porqué.

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