HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Allá vuelan las águilas.
Mañana veré gaviotas, cuervos marinos, esas aves patilargas de las nadie me dijo nunca su nombre. Yo no pregunté porque las palabras no saben, no pueden, no tienen ojos.  Los nombres son inútiles, son retrógrados, arquitectónicos, clasificaciones que hicieron los clasificados que siguen haciendo a cuadrícula la prisión del civismo y la clase.  Ya me atormentan los nombres que conozco. Yo debí haber escuchado sólo a los gorilas, a los lobos, a las olas del mar, a los pututús y a los alaridos, a los truenos y a la lluvia y los pájaros y grillos. Todo lo otro me hizo perder un valioso tiempo en tratar de olvidarlo en vano.

No hay comentarios:

Publicar un comentario