HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Anoche se oía al viento, rugir en las ventanas y en los árboles. Era algo muy hermoso, como una tormenta que tras el umbral de la noche entraba y salía en mi pecho. Se oían ruidos dentro de la casa, como cosas que se caían del armario, como puertas que se movían y al principio tuve un poco de miedo porque esos ruidos parecían activarse sincronizados a algo de mi monólogo interior, como si fueran fantasmas... y luego pensé que el miedo es lo que lo corrompe todo y me entregué a esos sonidos desde otra perspectiva y dormí a pierna suelta.

Ayer estuve detrás del cementerio. Hay una escombrera de casi dos metros que ocultaba, coronas de flores descompuestas, y también había de esas tiras escritas en memoria, y había una que ponía "alegre hidalgo" y recordé algo que leí no sé dónde alguna vez y lo recité "alegre, hidalgo y valiente hasta el momento de entregar su cabeza al verdugo" Me pareció muy hermoso ese lugar, lleno de ruinas de la muerte cuando pasa, y ya nadie se gira para ver, porque sólo se gira cuando el cadáver aún está fresco y la espina de la pérdida llora. Había también algunos ramajes de flores de plástico que me llevé y luego las puse en una zona a la que voy del río, clavadas en las grietas de una rama. Quise dejar una entre las piedras mojadas de la orilla, pero el perro la arrancó.

Luego llegué ya casi de noche, cansada para escribir. Estuve pensando, en la escritura, pensé que yo había empezado a escribir de niña en los diarios, los sentimientos de vergüenza subversiva, de vergüenza que se hizo tal, por la represión de los otros a ese tipo de sinceridad. Luego en la adolescencia escribí más bien metafísica y la búsqueda de la razón y de lo político en el verbo y en su vertical. No era poesía. La poesía surgió cuando me volví loca y se quedó en mí para siempre la metáfora.
Ahora concibo la escritura sin la capacidad de separar términos ni fines. Tal vez quiero la sencillez, la depuración de todo ego, el movimiento, lo que nace sin que yo pueda abarcar dónde quiere ir. Sólo respira, a veces se esconde en el rincón y se abraza a las piedras y a las arañas.
Al principio, la poesía era críptica, porque me dolía tanto lo que me rodeaba con su objeto directo, que la única forma de soportarlo, era intrometerlo en una metáfora que pudiera olvidar su carne. Tenía tantos monstruos heridos y rabiosos, censurados, atados con cadenas en mi infierno... que la escritura trataba de que hablaran pero que no fueran ellos. Era la miseria, el espanto.  Esa necesidad de exorcismo. Y además mi mente era como heroina, a los 18 años fui la persona más vieja y más triste que jamás he vuelto a conocer.
Al escribir esos abismos y enfermedades, durante años, la poesía se volvió un sustituto que tomó el cuerpo y la voz.
Luego tuve otra época, donde traté de desvelar lo que la metáfora había querido devorar para que nunca lo recordara.. y fue algo díficil al principio porque habían sido muchos inviernos de destruirlo. Pero luego la escritura se volvió más simple, con menos coartadas y alardeos.... y las heridas también.
Escribo, desde una especie de cuchillo y de pluma de pájaro en el vientre, es la voz, y esa voz es como un líquido que se adapta a la superficie, si la superficie en ese instante, son picos y precipicios y andenes, la voz adquiere esa forma de montaña rota en su patada y en su mano vacía. Yo no elijo la superficie. Sólo expulso la cascada de lo líquido que entre mis venas y mi horizonte y ausencia, busca drenar contra el muro el latido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario