HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ayer al atardecer fuimos a un monte muy hermoso, era un camino que iba a lo alto y de frente se abría el otro valle y se miraba aquella otra cordillera de montañas, con las nubes rojas y moradas, y en el otro lado algunas eran negras y el azul era ceniza. Y Kavka era como una jauría, como un ave caida, como lo más bello. Adoro tanto al perro que sólo con mirarlo me reconcilio con el amor y con la esperanza en un mundo nuevo. Todo es tan bonito en él. Tan inocente y salvaje.  A veces siento que el espíritu del Thor, está aquí también y a veces nos mira entre los montes.
Todavía estoy medio dormida. He pensado en un tipo de dolor que he venido sintiendo, como un tango negro, como una maldición, como algo que no es bueno, porque me pone en situación de víctima, y esa situación me ampara para andar por ahí cantando al infierno. 
Ayer por la noche anduve leyendo una historia de Freud, sobre el trauma en la simbología no abarcable, de la infancia, sobre los hechos que no son correspondidos por la interpretación que es fantasiosa, es ese Intento, tras el misterio no desvelado, esa información que queda oculta en la abstracción. Y luego desde la cama, con las luces apagadas, estuve pensando. Y no me gustó nada la palabra trauma. No me gustó tampoco, todos esos psicólogos que venden una supuesta salida, pero no hablan de sus conocimientos sobre la psique humana, a los pacientes, me parecieron unos impostores, porque es el conocimiento, la comprensión, lo único que ayuda a que el dolor no sea repetitivo y residual. Es la mirada universal y política. Es el compartir entre iguales..Me parecieron todos unos narcisistas, con su "pulsión sexual" muy violenta en el rostro que tienen delante. Queriendo ahorrar su conocimiento para sacar más monedas. Porque aquello de no me des el pez, enséñame a pescar se aplica todo. Y lo que urge en la humanidad, es el camino de lxs libre-pensadores, del criterio propio. 
Y luego pensé en mis heridas. Y pensé que toda mi puta vida, había tenido rota la simbología de mi niñez sobre el mundo de los adultos. Y que siempre he vivido sobre mi simbología y mi leyenda fantasiosa del fondo del verbo y de la muerte. Pensé que siempre he estado sobre la hoguera del "trauma" de esa visión de Freud. Todo me fue traumático, trágico y esperpentoso, porque mi corazón jamás leyó coherencia en mi atmósfera. Saber eso me puso contenta.

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