HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ayer encontré una bolsa, un sobre de azúcar, y el menú del hospital, junto al número de habitación y el nombre del abuelo.
Ayer me senté en el banco que está en la puerta del cementerio, y que solía sentarme allí con el abuelo, cuando insistía en que lo acompañara a ver tumbas.
Recordé también que una vez me senté allí con A. y una botella de vino, era invierno, él temblaba de frío y me decía que volviéramos a casa. Pero yo sentía una incapacidad a ir a ningún sitio, como si la nieve que el viento empujaba a nuestros rostros, calmara la angustia, y el vino calentara el frío de los huesos.

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