HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ayer estuve cortando con una tijera de poda, parte de la alambrera para que las ramas del salgueiro crecieran libres de viento... y no amarradas por verjas. Y es ese tipo de cosas lo que he de hacer, para no caer en la nostalgia.
Lleva casi un año, aquella especie de novela, en el cuaderno. Había hallado mucho placer en la ficción y en la composición de la obra, y el modo de establecer un mapa creible, exacto, sin contradicciones, con lo no contado. Aquello me hacía ser más metódica y  menos irracional con las palabras, más crítica con el polvo deshuesado del camino en el corte de las venas. Había encontrado una sustitución nutritiva de mi espanto y mi miseria, a través de escribir la vida de otro. Y sentí que la inspiración era más vehemente, al acabar con mi yo, sentía que por fin había encontrado la voz de mi escritura. Pero éste año ha sido muy raro, y he abandonado aquella forma de escribir. Tal vez tengo que buscar ese cuaderno, transcribir la historia al ordenador. Y escribir otra vez ficción. 
El aislamiento que hay ahora en mí... hace que mi voz sea un diario innecesario, caótico, una traducción de niebla en zarzales, de zarzales en el sonido del río, de casas abandonadas en la tierra entre mis uñas. Y todo esto, me está jodiendo la relación con la poesía. 
Estoy en un punto de mi camino, donde todo se ha ido a un fuera de campo. Apenas mi mano va delante de mí abriendo la palma para tocar la lluvia y el tacto del olvido y de la nieve exiliada.
Por eso creo que volver a la literatura, podría hacer que todas mis vivencias, vuelvan a tener pasión, porque ya no hablen de ellas ni de mí, sino sólo sean, un motor encendido, en un pecho descobijado contra mi historia.

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