HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ayer he vuelto a tocar el tambor. Y a sentir removerse en el fondo de mi nada, un puente diferente, abstracto, de cruce, de avalancha, de fuego de mar. Aunque tuve otra vez visiones, vi un tigre, hecho con tierra y roca, la tierra se movía como un río circular en su rostro. Era muy hermoso. Pero no quiero visiones, porque hacer de ellas, una semántica y un argumento del éter, me acabará volviendo loca. Es como si buscara a dios, sin dios. Y recordé, algun viaje con la marihuana, donde todo era amor y paz de un gozo indescriptible, sacro, sincronía de música. Y recordé también, los malos viajes con las drogas, los de pesadilla y pavor en estado alterado de conciencia, los del suicidio del horizonte, los de la locura, y traté de curar en mi inconsciente esa conexión.  Sentí que de algún modo, la experiencia del espanto, había dejado en mi mano abierta y desnuda hacia la vida, el terror de una navaja temblando de herrumbre. Y traté de transformar, el lugar dónde se formuló ese recuerdo. Para que nunca más haya sido.

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