HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ayer no podía dormir. Estaba tan triste sin palabras, sin imágenes, sin perfume. Con un grito de nitroglicerina que no podía soportar.
Salí de la cama, y me tiré en el suelo, escuchando la respiración de Kavka, acariciándolo, como si así pudiera acariciar las estrellas muertas y los mundos perdidos... Allí hay un armario que tiene un espejo en la puerta exterior.  Al verme durante un segundo, pensé que soy la reencarnación de la muerte. Y me senté en el suelo, con mi espalda apoyada en la cama. Y me quedé mirándome. Y tuve un delirante deseo de morir.

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