HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ayer vino a verme una vieja amiga.
Me habló de algunos recuerdos. De algunas miradas que yo amaba de mí, en ella, en el vino, en las calles empapadas, en el adiós de pólvora, de tren recien nacido, a la lágrima de estiércol y cuchillo, de un monte que sale en estampida, a los pies del mármol.

Creo que todo eso, sin darme cuenta, me clavó una espada, desaparecida en la Playa de Bercino, junto aquél libro, del sueño y la locura.

Me sentí una triste coleccionista de palabras robadas. Hablando con mi ausencia, con la levedad de irme para siempre al doblar la esquina, con ya no mojo el corazón porque no sé dónde lo tengo.

Me sentí adentro, tan fría conmigo. Tan distinta junto a todo lo distinto, tan extranjera, de mí, de todas las tierras, de todo lo vivo.

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