HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Canta el cuco. Pero nunca he visto al cuco. Por alguna razón, lo confundía con el picapinos. Ese picapinos que una vez me enamoró desde una ventana que ya no existe y que tenía en la cabeza puntas que salían hacia atrás de plumas naranjas y rojas, como el casco de guerra de los héroes olvidados. Fue él el que me dijo "eso no es un cuco, es una abubilla o un picapinos" Cuando yo lo vi, picoteaba la madera de un tronco muerto. Y yo pensaba que de cantar, cantaría sólo cu-cu. Pero nunca oí su canto.

Y a éstas cosas me dedico en mi ventana. Cosas de mucha menos y desgraciada importancia que las que cantaba León Felipe en la suya.

Él también me ha contado, que el cuco, va al nido ajeno, tira un huevo, y pone el suyo. La madre pájaro extranjera, calienta y cuida al pequeño cuco, luego él tira a los otros pajaritos del nido. Y aunque el polluelo sea mucha grande que sus padres de prestado, lo cuidarán como si fuera suyo, siempre.

Me pareció una historia fascinante. Me recordó a la placenta en la que nací, a mi vientre, si yo pusiera algún huevo alguna vez, haría sólo lo que hace el cuco.  Y de nidos para dormir sólo los robados.

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