HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Canta un cuco. Ha empezado a llover. Se agita el petricor hacia tus párpados cerrados del crepúsculo. La belleza y el olvido, compran en tu corazón, esas migajas que estercolo sobre la línea divisoria de la guitarra en mis ruinas.
Los colores entre la lluvia, toman una profundidad melancólica y volatil. No es como la lluvia de enero, no es igual la roca mojada. Es lluvia de flor que se alimenta, nube negra de jazz abrazándote en el precipicio.
Me acostumbro al vacío de la casa. A la ausencia de los ausentes. A mi ausencia mirándome por la llave de la cerradura de esa puerta que ya no cierra.
Acá estoy en la transición hacia las olas. Desempolvo de los cajones, figuras de cerra, derretidas sobra las manecillas del reloj, cubriendo los números y el mediodía de tu adiós y de mi regreso.

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