HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Acá soy feliz e infeliz, pero siempre dentro de un cubo de agua desvelando los secretos de viejas postales, enviadas desde muy lejos de aquí, a alguien que no era yo. Y esas letras en tinta destiñen en mis años, rayos de sol que evaporaron charcos de hace un siglo.
Pienso en la muerte. Pero no lo hago con mi historia y mi miedo, ni mis sueños, lo hago con la memoria de los pinares.
Aquí el tiempo desaparece del presidio de sus renglones. Nace alguien en el abandono de las habitaciones cerradas y de todos los caminos que pisé, y me canta y está conmigo cuando subo la persiana, cuando me quedo mirando el río, cuando me dejo perder en la fantasía de la noche y del fin. Y es como estar sobre el infinito y la ausencia, en una deriva enamorada, a veces sádica, a veces licor del paraiso. Y hallo música en la erosión de estos mil abandonos, de mi cansancio, acurrucándome con mantas invisible de estrella en ese sofá donde mis ojos se quedan viendo las ramas del peral. Y los mil verdes que guarda el verde. Y soy feliz, de esa teja rota, con cagadas de páajaro y líquenes amarillos. Y de esa mancha de herrumbre en el cemento. Del canto de los pájaros. De esa madre de todas las despedidas abriéndome el océano para subir. El zumbido del moscardón, los sapitos y ladridos por la noche. El nombre de la madera quemada en la humedad de tus labios. El exilio voluntario de mi piel dentro del agua.
Sufro un fetichismo y amor constante, al sabor de esos objetos inertes y vivos, en esa vida mucho más allá de la palabra.
Desde que era niña, amaba las casas abandonadas, los gallineros sin tejado, lo que dejaron los muertos y sólo conoce la lluvia. Ahora, en la cuadra de enfrente, veo una pequeña ventana de su buhardilla, en el pico del tejado, y esconde una alpaca entre cachos de plástico. Y a eso me refiero. Al soplo del cordero que comió hace 50 años esa hierba y su canto, tapió la luz, en el brote que saca la mano al otro lado de esa ventana que no se puede ver nunca desde mi ventana, ni desde éste siglo.

1 comentario:

  1. ...acogen la ausencia...
    carecen de umbral porque ellas mismas lo son...

    ResponderEliminar