HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Creo que mi tristeza, ha venido de una especie de sádico suicidio del reflejo evanescente de mí, sobre un espejo abstracto de los supuestos otros, llegados a mi vida, sin objeto directo ni carne, ni vivencia conocida.
Algo medio neurótico. Medio piedra de fuego en una tirachinas de hambre.
Un desprecio dadaista hacia mi existencia, tomado del eco de un allá, incierto e inexistido. 
Y eso me ha hecho, sentirme dentro mío, como un escombro y el verdugo que acabe de una vez. 
Me ha hecho despreciar todo lo que he escrito y he sido y he amado.  Mi rostro, bajo la mirada del viento. Y el frío que va de mi mano. 
Esto es algo que pasa en lo depresivo. Usa unos mecanismos metafóricos e inefables, emotivos, rabiosos, irracionales. Por eso ha de gestionarse y de transformarse, usando la misma máquina de escribir que lo provocó. 
Sacando esos fantasmas del subconsciente, echándolos a la mar, y que recuperen la verdadera palabra de su grito, en la cuántica de la percepción, y no en el sumidero, aislado de sus lombrices.

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