HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Cruzó un águila. Quiero buscar el tono para ponerme con Maraiz. Aún tengo en algún lugar de mi distancia, la sensación de una guerra.
He pensado que escribo a veces el término locura, con una sombra que lo convierte en algo a lo que temer. Y que sin darme cuenta uso esos mecanismos binarios y castradores, que tanto odié en la psiquiatría. 
Algo en mí, otorgó una separación, entre locura y cordura. Una separación abisal y muda. Una separación destructora. Que convertía a la locura en un monstruo sin raíces, sin rostro asible. Y ese fue mi error. Al hacerlo desconocido e independiente de mí misma, se volvía un precipicio.
Cualquier persona, en una circunstancia de estrés, de agitación, de desasosiego, que además lleva tres días o más sin dormir, empieza a delirar, o si has consumido drogas, o has vivido una experiencia que no puedes comprender y que llega como una violencia y entras en pánico...  esto es totalmente normal.... Por lo tanto el delirio es parte de nuestra naturaleza. 
Personas que han sufrido pérdidas de seres queridos o situaciones traumáticas, encierros en prisiones, o nudos que acumularon heridas que la sociedad amordazó más fuerte, acaban eclosionando. Y su eclosión es natural. Es un mecanismo para evitar el dolor y la asfixia y para buscar una salida. O una verdad que se ha negado y ella se vuelve un monstruo para que la mires a los ojos y salga.
He pensado mientras escribía esto, en los refugiados, en los hambrientos, en los niños de las chabelas, en la gente que vive en un país en guerra.... y acá siento vergüenza y desconocimiento, ya que mi experiencia es la experiencia del primer mundo. Creo que allí, el delirio, la locura y el espanto somos todos nosotros, los que vivimos "a salvo", los que no queremos abrir los ojos, ni sentirlos nuestros hermanos, ni sentir su dolor nuestro dolor, y su causa la nuestra.
Y volviendo a mis vicios del primer mundo. A través de la experiencia en manicomios, del dedo acusador de los virus en mi cabeza, de tantos psiquiatras, policías... que me encerraron y me ataron en una cama y me obligaron a medicarme con drogas de silencio y muerte. Y también a mi propia experiencia de lo inusual y de lo extraño, buscando la razón despedazada de todo ello, sin darme cuenta, acabé temiendo ciertos sentimientos y sensaciones, emotivas y mentales y metafísicas. Acabé desnaturalizándolas en ocasiones en mi propio ser, porque el exterior, la sociedad, sus sucios "políticamente correctos" lo censuraron y lo demonizaban en mí, lo usurpaban, lo hacían un monstruo aún más roto y opaco y peligroso. Y aunque siempre luché por mis motivos.  Vivi durante un tiempo con la sombra de la locura, como algo azaroso y demoniaco que yo no podría controlar si volvía a caer sobre mi cabeza. Porque tal vez, inconscientemente alguna vez cedí a la ignorancia fascista de los psiquiatras y me creí una enferma y acepté en mi interior sin ser consciente la idea de una patología. 
Pero hoy sé que la locura y la cordura no están separadas, que no existen como tal.  La mente y el corazón, percibe, y es emisor-receptor, a través de la atmósfera y de las circunstancias, del sufrimiento o de la alegría, del desconsuelo, desarraigo o la calma y la risa y el amor.  Cuando hay unas circunstancias abisales, actuamos en su reflejo, tras el filtro de nuestros ojos, y eso momentáneamente puede llevar a ciertos arrebatos de fuego y delirio. Pero no hay ninguna patología nunca en ello, ni enfermedades crónicas ni nada eso. Es algo existencial. Humano, completamente humano y natural. Por eso la ayuda que necesitamos en esas circunstancias que los que no saben han llamado "psicóticas"o otros nombres sordos, separándolas de la condición humana y ahogándolas en prisiones psiquiátricas, lo único que necesitamos es armonizar la atmósfera a través de la empatía y la naturalidad. Es detener el sufrimiento y la sensación de extrañeza, tratando de transformar esas circunstancias abisales, que a veces son de orígen económico y político. Y si necesitamos la ayuda de alguien porque nos hemos desbordado ha de ser, a través de la empatía y de las relaciones horizontales. Del amor coño! No de las farmacéuticas y los psiquiatras que cortan el síntoma, sin buscar ni la raiz ni el motivo del que tienen delante, y al cortar el síntoma con drogas represoras vuelven mucho más doloroso y díficil el camino de naturalización del afectado.

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