HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

De margarita ajada en tu tabla de multiplicar, restándome el amarillo, al baile sumergidos de desnudez y sexo, bajo la hoz que en la playa escribía todas las olas que habían llegado desde el principio de su tiempo.
Y éramos brújula rota a pisotones tomando del sol el sabor de la fotosíntesis en nuestros zapatos de hierba. Bailando locos el sueño de la guitarra quemada, juntos en la escasez y en el vino, en la muerte y en los pájaros.
A la vuelta ya se habían ido todos los trenes. Tiré de ti, al pentagrama de ceniza, quitamos el equipaje amándonos en el trigal cuando los cuervos hablaban de la nieve.
Deshilaché con tus dedos mis cicatrices. Todo estaba allí también la nada.

Crecimos con todas las pérdidas ya en las venas. Conocimos el infierno, desde que aprendimos a hablar.
Pero no era importante cuando la humedad de tu beso, le daba 7 horas más a la noche de la ola.
Y el alba, esperaba tímido debajo de esa cama de carcoma y heno. El olor de los corderos nos ayudaba a buscar leña para evitar el frío.

Tú llevabas siempre un papel para meter dentro el peso de las nubes y me lo leías para que no olvidara los motivos de la lluvia. Te amaba porque me tomabas como toma la sombra del árbol al río, como el valle se deshace de su anchura. Como la escarcha se evapora apretando a la hiedra.

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