HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El abedul cuelga ese raro fruto, que no es fruto, ni es flor, ni es hoja. Pero lo convierte en semilla de lluvia, en exaltada cascada de viento, abrasión de silencio, portaminas de distancia apretada como un beso y un cuchillo en el corazón.
A veces todo es un sueño. El potrillo duerme espanzurrado en la hierba, la yegua pasta, vela el infinito del universo.
Cuando soñé que hoy moría. Pensé que nunca aguanto muerta en el sueño. Que nunca llego a imaginar qué es la muerte, que justo cuando muero abro los ojos. Eso me hizo recordar la muerte del abuelo, el cuerpo aferrándose, temiendo saltar a la nada, chupando hasta el cosmos el último hálito.. Me dio algo de miedo ese instinto. Saber que ese instinto a veces provocaba sufrimiento. Aunque también asalta de estrellas lo distante.
Cuando murió el abuelo, no lo procesé. Tuve durante varias noches, pesadillas donde el abuelo moría y moría y moría y no acababa de morir. 
Eran las 2 o las 3 de la tarde. Mi madre bajó a fumar un cigarrillo con mi viejo. Yo me quedé al lado del abuelo, el abuelo respiraba muy despacio, tenía mucha fiebre. Movía su cabecita como para agarrar un gorrión al respirar. Luego cambió, y su rostro se movió de sitio, yo le agarré fuerte la mano y empezó a morirse, hizo algo raro con la mandíbula, que me espeluznó, la apretaba varias veces como mordiendo toda la tierra y toda la luna. Yo le agarraba fuerte la mano y se la besaba. Luego se quedó quieto. Y yo me quedé muy quieta. Luego llamé a mi viejo y le dije "creo que el abuelo ya no respira, díselo a mamá y subir". Mi madre se puso muy nerviosa y dijo que ella no estuvo cuando murió. Yo le dije que sí, que él la oyó, que su corazón latía todavía.. Dije que estuvo como un pájaro todo el tiempo, en paz, en total calma, como cuando ella llegó..... No hablé para nada de ese mordisco de la mandíbula sobre vete a saber qué agujero negro, qué mar.  No hablé de la violencia del cuerpo ante el cosmos, ni de ese vértigo que yo sentí y no comprendía.... Luego fue todo muy frío, vino gente, de forma rutinaria, a vaciar la habitación. El enfermero que entró a por el abuelo, dijo sonriéndome ¿qué tal?.  Les dije que bajaran que yo bajaba las cosas del armario, que me esperaran en el coche. Grabé con la cámara la habitación vacía. No pude llorar. Por alguna razón robé un bote de yodo y no sé qué otra cosa. Miré la ventana que había mirado durante 4 meses. Miré la mesa en la que escribía con la ausencia del abuelo. Miré  vete a saber qué cosa...

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