HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El aislamiento me provoca una contradicción perpetua.
Todo lo que he dicho, ha nacido, en su agujero de gusano.
El aislamiento me obliga al narcisismo de rana y de ratón. De espejo de absenta, de uña partida de águila. De mi cementerio de amor y suicidio. De mi "oh yo, oh vida", atado a las pilas del capitán garfio al fuego de los delirios.
Porque sé que el único camino, es la libertad y destruir las prisiones que la dictadura económica está llenando de cadáveres y de injusticia social esposada a la jerarquía del poder y sus verdugos.  Sé que ese camino es colectivo y rizomático, y que su lenguaje es el ACTO y no la teoría ni los rollos patateros de la palabra que nace sentada en una silla.. No es el ego de ningún individuo,  sino el corazón armado por lo plural, para lo plural que devuelva una individualidad liberada y consciente. 
Lo sé con el latido y con el pensamiento, con la razón y con mi locura, con mi pasión y con las huellas y el horizonte y la guitarra y el cuchillo.

Y sin embargo, estoy sola, y busco mayor profundidad en mi soledad y en mi vacío. 
Y separo mi camino de la humanidad, porque me siento muerta cuando voy a su lado. Porque me siento robada, porque han sido muchos años, abrazándome a los árboles, para borrar el frío y la arista que bebí de las pieles humanas. 

Porque yo también amo el amor de los marineros de Neruda. Y se me rompen miles de buques de blues, cuando veo a dos guerrilleras zapatistas junto a hermanos, riendo a carcajada, a vino tinto, mientras un fusil a su lado reposa, sabiendo que defenderán la luna, aunque valga la pinche madre y la muerte. 
Porque lloré gasolina escuchando a Galopar cuando tenía 15 años y los caballos aún andaban a callejón y plaza.

Pero algo pasó conmigo. Algo perverso de poema acuchillado. De huesos en mis manos sin carne con rosa asfixiada en mi espina. Algo en la luz de lava flotando en la periferia del manicomio. Que me obligó como se engendra un suicidio a escribir mi pared y mi espada, mi grito derramado al pie del vacío, al abismo de tierra perdida. Y hoy seguir, es cavar. Llorar cielos de nitroglicerina en un papel roto en mil pedazos y arder ciega, al grito sordo, de mis olvidadas.

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