HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El amor es un desgarro en mi cuerpo que lo canta.
Me llega como la patria levantada con cráneos y hundida en mi sombra donde no fingiremos recuerdos felices en ésta nostalgia de pólvora.
Con la horfandad de haber perdido todas sus partidas, mucho antes de sumar los dados. Porque Fransquestein doró lluvia de papel de plata en mi faz. Porque las feas no sabemos bailar pegadas ni seguir el ritmo. Por qué oh noche me llevaste tan lejos? Si nunca fue para llegar a ningún sitio en el que vaciar los bolsillos y tragar la tierra. 
Porque hay personas que nacen a punta y martillo de tener que irse de todo.
Yo soy ese cactus que habla con estrellas y cucarachas.
Abro la luz del sótano de mi manicomio para que me mires. En un ataque exibicionista para calmar el espanto. Para abrigarme con tu canto oceánico y sentirme una de las tuyas y no de las putas mías y sus palacios de rata. Pero sin querer mi voz torna oscura y arista y la esquina te llama, para dar la vuelta. Para seguir la vida. 
Porque nací espina asfixiada por la rosa. Porque el Conde Drácula me contó al oido las únicas canciones que supieron a esperanza.
Porque soy espada y pared. Ataque y defensa de mi ceniza, de la flor del polvo, de la soledad de la montaña. 
Porque sólo fui deseada por el aullido de los lobos, por la piedra que se quedaba en el aire. Por el escupitajo en el papel. Porque no me daban ni besos en la mejilla, porque aquel vino de garrafa, me volteaba la cara al cianuro y a la hoguera del cielo. Porque me pinché toda el alma entre las bestias. Porque dejé de ser femenina escuchando canciones de la guerra civil. Y tomé por costado y vertical, todos los dones que se creían patriarcales y exclusivos del hombre. Porque quise el puro y hablar alto a voz ronca de agujero, escupiendo en el caldero el asco de la civilización y de que aún viva el rey . Y mear fuera del tiesto sin cerrar la puerta.  Y bigote de gata, y pelo en el sobaco de nunca hacer trato con hacienda.
Porque todos los pasos me llevaron donde no existía ningún camino.
Porque crecí abortada de la sociedad. Con espinas de pescado en lugar del amor, para buscar ya sólo los caballos de Alberti, galopando huracanes en la mar.

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