HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El anterior poema, ha nacido de la atracción patética de un murmullo ceniza. Tengo la sensación de que ese tipo de poemas es lo que un día parará mi corazón.
Ese para-rayos dándole tierra al habre de los muertos, filtrando electricidad, porque de lo otro no hay nada.
Esa bajo naufragio, de un latido que ya no debía conocerme. Y su insistencia en el proclive suicida de un desamparo y una botella de vodka. O algo menos reseñable, cuando la pintura blanca del payaso cae en mis ojos y sólo veo llover boca arriba.
Tengo la horrible sensación de que sólo escribo a la muerte. Y que la uso a ella, para lavarme la cara, abrir la puerta e ir a comer mirlos de esas nubes tan raras que sólo salen cuando no hay ni una nube.

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