HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

El sol ha roto entre las nubes, el ancla del humo de mi cigarrillo y tu olor, entre esos parámetros de tu ciudad de muertos y el río que mirabas para recordar que nada empezó ni acabó en ti, ni en nosotros.
Me gustaba no decir nada. Echar tierra encima. Aguardar el desmayo de la palabra y de la voz, entre tus piernas, sabiendo que te morirías de mi alma en 15 minutos y yo tendría que romper el tiempo y todos los mañanas y motivos, para cruzar a la cocina, hacer un café y decir todavía, amor mío.

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