HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Empezó a llover al dar la vuelta de ese esquina, madre de las esquinas de las calles sin vida que tantos años cruzamos para aprender de jabalinas y porros.
Era lluvia gruresa y fría golpeada por el viento. Que te moja todas las piernas, la cara y lo que creías que ya no llevabas en ti.
Luego empezó a tronar... corrimos sobre la hierba. Vi un rayo caer no muy lejos de dónde estábamos.  Fantaseé con la idea de que me cayera el siguiente a mí. Pensé que esa sí era una hermosa muerte, que no debía de doler, porque el fuego eléctrico del cosmos no dejaría tiempo, te sacudiría tantas alas a la vez que no habría ley de gravedad, y sólo la ley de gravedad provoca el sufrimiento, y el alma, si es que existe el alma, se quedaría de verdad en las estrellas.

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