HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Esa sensación de que voy a morir, que es bastante irracional, pero muy sugestiva. Convierte los paisajes en un deliro de belleza, y profundiza en el fondo de mis sentimientos un inmenso lobo blanco lleno de viento y de inmensidad.
Una extraña inclinación mística de sombras de árbol saliendo de mis murmuros y nutriendo los lirios. Cuando estaba en el parque, me senté en uno de esos caballos de madera con muelle que hace de columpio, y sentí algo muy hermoso, como si estuviera dentro de una película, como si yo fuera en blanco y negro, y todo lo demás expresionista con colores líquidos y todo silencio, excepto el canto de los pájaros. Como si me columpiara en los jardines del manicomio y me atara con amanitas a la luna. Como si mi corazón ardiera y todo lo que alguna vez amé explotara de amor en mis huesos. Y sólo el perro fuera cómplice y multitud a mi lado rizomática de todo lo existido.
He encontrado un refugio en esa intemperie de las ausencias. Un poderoso ensoñamiento del cuerpo de la hierba y las balas. No sé hacia dónde va. Pero desaparece cuando un humano se cruza en mi camino y desvía mi soliloquio. Al cruzar por el pueblo, había unos niños jugando a la pelota, mientras unos adultos miraban, y tuve que sujetar a Kavka, dije, "cuando ve un balón cree que ha de ser sólo suyo" Y se quedaron mirándome con cara de lechuga arrugada y vieja y callaron. Y eso me hizo sentir violencia. Misantropía. Oscuridad. Temor a los humanos.

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