HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Está nublado... con viento frío. El soplo de tu no-palabra, filtra en los picos de los montes, un canto exaltado de los tiempos muertos, dentro de la jeringa, dando palmadas entre las tumbas, al ritmo de la pasión del fuego.
Me excluyo en tu verbo, de los amaneceres húmedos que robé a todos mis mañanas para cortar la cabeza de ese cielo entre tus piernas.
Soy como esa presidiaria de la intemperie, cruzando muros levantados con marmóreas invisibilidades que contagian tu estupor en mis ruinas. El de la navaja y la madera, el de esa canción de Radio3 cuando la resaca mezcla en los ojos las paredes y los ríos.
Mi exilio forzado a amarte, muy lejos de las palabras que te nombraban, de mi piel que te reconocía, me ha llevado a esa cromática sádica del verde, en los campos secos en los que es una alucinación el beso del maíz.

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