HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Estuve en los prados. Me empapé los pies, porque la lluvia se acumulaba en la hierba que cada vez está más alta. Allá en algún momento sentí la libertad y los ojos de la muerte. La distancia del amor en las palabras que dicen amor, con el viento y con los montes, con ese silencio prendido por casas abandonadas en las ruinas de mis botas.
Escuché los cantos de los pájaros... eran muy diversos y ardientes.
Me senté entre unas piedras de algún muro caido hace taitantos años.

No sé qué pasa en mí con lo qué pasa y con lo que no lo hace.

Hay una horfandad incendiada, de mi tiempo al tiempo, del desangrar de las piedras del camino por el que paso, al humo del horizonte que cava tulipanes en los sepultos de mis ojos.

La insistencia de lo no existido, es una rara señal con la que percibo lo que me es.

Se vive y se ensancha la huella y su absurdo,en las pérdidas. En el lápiz humano, entran tantas que desaparece el lápiz y no por ello deja de dibujar su grito.

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