HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

Ha vuelto a llover. Esa lluvia que salva la vida y hace reír a las flores. Vuelvo a sentir calma. Acá frente a la ventana, siento que la galería es la proa de un barco. Y que las montañas son el faro, donde otro camino empieza. 
Me he dado cuenta que tengo una inyección contra la locura corriendo por mis venas. Precisamente porque estuve enervantemente loca. 
Anoche, desde mi cama, veía la ventana del otro lado de la casa, la que da al este. Ya no cierro las puertas porque vivo sola, antes las cerraba para que no me molestaran, pero ahora el perro y yo preferimos las puertas abiertas. Vi un resplandor. Pensé que era un relámpago. Había una hermosa tormenta anoche. Y seguí mirando entre las rendijas de la persiana y vi una luz muy intensa. Esa luz luego entró hacia mi habitación, con la forma de un rostro tenebroso y medio alienígena. Que me causó pavor durante medio segundo y luego indiferencia.  En la duermevela suelo tener visiones. Pero ya no me las tomo en serio porque alguna vez viaje todos los infiernos para ver lo que había detrás y detrás estaba la música del universo meándose de risa sobre todo. 
Mi vista es rara. A veces pongo los ojos en ciertas posiciones transversadas y cubistas, y veo movimientos en pinturas quietas, y veo dimensiones en lo plano.  Como de lejos veo mal, a veces es mi imaginación la que desvela la percepción, y no el objeto. Tengo una horrible capacidad, de ver rostros y animales y objetos, en las nubes, entre las ramas de los árboles, en las manchas de las goteras y las paredes, en los relieves del monte, en las arrugas de la tierra, en las formas de las rocas, y cuando apago la luz para ir a dormir, veo luces que cambian de color y que se mueven y a veces adquieren formas muy hermosas o a veces son del espanto.  Sobretodo cuando miro ausente, inbuida en mi monólogo interior o en mi silencio... emergen pinturas animadas, de la soledad de los horizontes.  En mi adolescencia usé mi fantasía para provocar visiones... me era fácil hacerlo y me daba mucho placer. Buscaba esos arrebatos. Luego durante un tiempo, ellos cobraron vida propia y aparecieron sin pedir permiso. En mi última locura aprendí a manejar esas formas luminosas y dirigía su moviento flotando en mi habitación, las llevaba dónde yo quería, las detenía, las subía y las bajaba, o las expulsaba... y ya no eran ellas las que me obligan a seguirlas..... Y ahora sé que son un lenguaje onírico.

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