HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He abierto lo de Maraiz, para ponerme a escribir. Pero no tenía el ánimo, estoy demasiado unida a la palabra que boca abajo de tus fiambres aletea la percusión de hachís de la distancia.  Y no tengo la tonada para escuchar a Maraiz, como su puta representante de modales públicos para haber belleza con sus desgracias, no tengo hoy el espíritu para ser su censora macabra. Además lo que hay escrito en el cap 15, está lleno de ebriedad... esa rara ebriedad de aquél julio., cuando mis únicas amigas eran lubinas que nadaban a mi lado en aquella playa. 

No sé bien dónde están los poemas de hoy. Tal vez ya no sé delimitarlos ni sacudirlos a las hogueras bajo la luna, a mi adiós de arpón y de señales de canutos entre los pieles-rojas y los fantasmas. Aunque me gusta la libertad que da el fracaso y la entropía.  Me histeriza saber que alguien espera de mí un verso, una carta, una llamada a la medianoche. Me da fiebre buscar un escenario para mis gritos y mis ruinas. Me he vuelto vulnerable a lo concreto, alérgica al dentro de cinco minutos. Al paso a buscarte a las 7 y cuarto. O al éstate atenta que mañana vendrá un albañil, o hay que renovar el carnet. Ya no soporto nada de eso.  No soporto el control sobre lo que sólo me llega como canto cuando es desconocido.

Yo nunca quise hacer nada bajo presión, a no ser la cerveza fría. No me gustó competir nunca. Tengo un recuerdo recurrente de la infancia, donde unos años mayor que yo, me dijo que dibujara españa en un papel, yo le dije no tengo ni idea de cómo es españa (y sigo sin saberlo) y me dijo tú dibújalo, y la gracia de su juego.. era dibujar la península incluyendo portugal y equivocarse, yo capté su intención, y me dejé perder para que su juego sin gracia tuviera alguna gracia, y le dije, sí sí, yo dibujé a Portugal.  Ese recuerdo me viene a demostrar que yo siempre busqué el blues del fracaso, ofreciendo mi estupidez a cambio de una flor.  Fui payasa triste a cambio de sonrisas de papel de plata quemada. Tengo también el recuerdo, de un curso extraescolar de primaria, de yudo, yo era buena peleadora, y la profesora me eligió en un campeonato para representar a mi colegio, tendría 10 años.  Yo era muy bruta y salvaje, jugando con mis compañeros y les tiraba a todos, amaba las llaves, les elevaba aunque pesaran más sobre mi cuerpo y los tiraba a plomo, tiré a mi padre y a mi madre, y a gente mucho más gruesa y alta, por diversión, por alegría. En el campeonato, me tocó pelear con un chico algo mayor que yo, pero por mi timidez, por anticompetencia, por no haber allí alegría y porque no me hacía gracia ese corro de gente que ya no eran amigos, más una rara empatía con ese chico, no me moví, me dejé perder. Recuerdo aún la cara de desprecio de la profesora. Aunque a veces me daban ataques de ganar, y tengo el recuerdo, de otro curso extraescolar de ajedrez, donde un chico mayor iba muy engalado con su vanidad, él era de 7º de egb y yo de primaria... y el profesor decía que era el mejor del grupo y blabla, y yo jugué a ganar y cuando lo gané sentí placer. Pero yo siempre fui ceniza y adiós. 

De niña era tan jodida y estúpidamente pacífica  y amorosa.. que en la adolescencia tuve que traer a mister Hyde y a mi venganza de quijotes locos y eclosionados por la nitroglicerina.

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