HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado al otro lado del río, donde no hay nadie. Estuve tranquila y feliz con Kavka. Encontré un palo muy bonito, grueso, pero algo corto para usarlo de bastón, y anduve pelándolo. Y eso me llevó a algo primitivo y hermoso, cuando era niña y encontraba una rama ya muerta, la pelaba, me encantaba hacer eso... el descubrir tras la corteza, la otra textura, tan suave, y a veces húmeda, aún con la saliva del árbol... y a veces manchas misteriosas rojas y medio moradas....y el olor oculto del árbol. Cuando acabé fui a buscar un palo más grande que ya estuviera muerto, y encontré un chopo pequeño y tirado, y anduve partiendo ramas, hasta quedarme con la más alta. Aunque su madera era más triste y seca, alguien hizo daño a ese árbol. También lo anduve pelando. En paz, en la libertad de lo innecesario para todo lo cívico.  Luego empezó a hacer un calor de la ostia, aunque todo estaba lleno de nubes. Y al venir de regreso, encontré otro árbol caido, mucho más grande y fui con la intención de llevarme un palo para casa, pero con el calor que hacía, y todas las ramas que había allí, y los tres palos que ya me traía, ya lo dejé para otra ocasión.  Tenía en la cabeza, la idea de hacerle algunos grabados con una navaja. 
Al  pasar por las cloacas, debajo del túnel de las vías del tren, pasó un tren mercancías, despacio, porque llevaba parado ahí un rato, esperando a que pasara otro tren, y arrancó justo cuando pasé....con todos los vagones llenos de graffitis, y desde esa perspectiva, veía también su parte de abajo, era algo poderosamente hipnótico y poético, algo del adefesio que meaba óxido y risa de paloma sobre san pablo, era algo muy hermoso dentro de la belleza de lo olvidado y de lo feo, y el eco que había en el túnel y el olor de la cloaca y ese moho verde flotando... y el cemento con la cromática de los colores del abandono, me hicieron sentir una hipnosis y cuando acabaron de pasar todos los vagones y volví a mirar al suelo, tuve un mareo de la ostia como si hubiera estado dando mil vueltas alrededor de Marte. Porque el movimiento del tren, entre el túnel, me daba la sensación de que todo lo otro se movía y lo que estaba quieto era el tren y durante medio segundo sentí que sólo yo era la que me movía.
Llegamos a casa el perro y yo, muy despacio. Kavka iba aún más despacio que yo y tenía que esperarlo. Creo que si hiciera el camino de santiago con el perro, tardaríamos 10 años en llegar.

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