HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado caminando por el campo. Evitando pisar las flores amarillas, todo estaba lleno de esas flores, enfocando sólo un metro cuadrado frente a mis pies, durante mucho rato. Era tan bello, tan verde el verde, tan amarillo el amarillo, tan agujero de tierra el agujero del topo. Y se oía cantar a un cuco, me envolví en una magia, se veían muchos bichos entre las hierbas. Y empecé a sentir que todo estaba conectado, cada hierba, cada animal, cada corazón y roca, todos los humanos, todas las estrellas. Y al mirar al monte sentí una inmensidad mágica. Y al mirar al pueblo a lo lejos, tuve un recuerdo cinematográfico como si fuera presente, de un día muy raro, en el que caminé sola, por Foncebadón, hacía mucho calor y estaba a punto de caer una tormenta... y todas esas casas en ruinas... dándome un sabor trágico y mágico del olvido y de la inexistencia del tiempo líneal... y luego llegué a una especie de hospedaje, que lo llevaban unos hippies de Matavenero y me dieron una infusión de ortiga y compartimos un porro.

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