HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado en el río. Sentada encima de unas piedras, debajo de las piedras había agua. Crecía una especie de menta entre las piedras y también dentro del río. Escuchando el sonido del agua y la belleza del paisaje, durante un rato, hubo calma, tal vez un poco vagabunda, abandonada, pero un puerto, en medio de la deriva.
Luego fui por el valle, me gusta mucho caminar por una zona, llena de flores amarillas, y mirarlas al andar, cerca de mis botas, cerca del olvido y de todo lo existente, no pisarlas, soñar. Estuve contenta con el perro, tiene una mirada tan humana, tan sacra y vagabunda, todos los árboles, las nubes, las estrellas, las distancias y lo existido, entran en los ojos de un perro, todos los ojos. Es una criatura tan buena que en su belleza se vuelve mucho más doloroso lo que han hecho las civilizaciones con la vida, con el amor, con los sueños. Yo misma me siento insignificante y oscura, ante el perro.

No hay comentarios:

Publicar un comentario