HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado hace ya bastante rato, trabajando con lo de Maraiz. Y he llegado a los últimos tres capítulos. Y no sé si cambiarlos al tajo. Hay una historia demasiado autobiográfica, todo es tan putamente nacido de lo autobiográfico, que toma un tinte no creible, porque ese tipo de experiencias parecen sacadas de un libro de Poe. Y creo que al haber hecho una metonimia, con las historias que me fueron abisales y querer exorcizarlas todas a la vez, toma un perfume exagerado... He llegado a ese capítulo donde ya no puedo poner una distancia emocional...... Creo que he de hacerlo menos pasional, más triste. O al menos cambiar ese objeto del final, que le daba el título a la obra y metí un raro núcleo con carácter retroactivo, ya que iba pensando en ello y en su agujero de gusano, porque mi corazón nunca dejó de pensar en ello.  Y precisamente por eso, ahora debo hacer literatura, cambiar el cuerpo, aunque se mantenga el verbo. Recuerdo que al escribirlo me hizo una grieta, y me obsesionó, y de ahí, acabé la historia lo más rápido que pude porque ya no me dejaba dormir. Y ese dolor lo he vuelto a notar ahora.  No sé qué coño hace ella ahí todavía. Metiendo una piedra y otra piedra en el cartucho, para convencerse del salto, lo hace porque yo no estaba convencida. Pero ella debe estarlo. Porque ahora las dos los sabemos.  Y eso es lo que quiero atajar. Ella no necesita que entiendan sus motivos, ella está frente a la nada. Nadie la preguntará, nadie la señala ni la mira, los muertos y las hogueras ya están dentro, tan adentro que no se mueve ni el aire. Ella no habla para los lectores ni para ningún dios ni después.. Yo no debo hacer que lo haga para mí. No quiero que la perdonen. Eso la otorgaría la flaqueza por la que yo no puedo hacerlo  su voz se haría estatua de sal.... y en el cinismo del espejo se leé por ello lo contrario. De mi puta hoja.

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