HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado por ahí, hacía sol y viento frío de nieve. Algo muy agradable, me gusta sentir el frío, nací en invierno, mis sueños reposan mejor en el frío, mis caminos debajo de carámbanos. Empezó luego a llover y el viento y el agua golpeaba mi rostro. Me da placer caminar contra el viento, una sensación de barco oblicuo de luna llena. Entre tanto anduve corriendo con el perro, pero cada minuto tenía que sentarme a tomar aliento, tal vez el tabaco, tal vez el ojo de buey partido.
Vi una mariposa hermosísima, naranja y negra con tintes amarillos. Estaba quieta en el asfalto con las alas extendidas y las antenas abiertas. Creo que estaba muerta. Pero tenía miles de mariposas rebosantes de vida en toda ella. Me quedé hipnótica mirándola, hasta que vino el perro y me fui por miedo a que se la comiera. Kavka siempre que me quedo mirando algo acaba viniendo y metiéndoselo en la boca.  Al llegar a casa la puerta estaba abierta y me pareció raro, porque juraría que la había cerrado, que al salir me aseguré de que no me pasara otra vez y luego escondí la llave en el patio. Pero como a veces se va la chola a las estrellas, seguramente me distrajo algo y no cerré la puerta.  La puta puerta que siempre se cierra si están las llaves dentro de la casa, da un portazo y te quedas ahí afuera a chupar olvido, a buscar unas escaleras para saltar por la ventana, a esperar que se caiga abajo la casa

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