HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado por ahí... en el río, en las calles vacías, en esa quijada de nube y pólen. De adiós en la furgoneta abandonada en ese camino del monte. Con tu olor grabado en los asientos como carretera que se cayó en picado a la mar.
Quiero irme de aquí... a un lugar de la mar, no volver. Dejar estos 30 años como un bodegón que las ruinas de la casa sin mí vayan escribiendo y borrando cada noche. Olvidarme de todo. Dejarlo sólo en la memoria de la pintura y de las hierbas, las malas. Quitarme ese cansancio de oir a veces a gente que me pregunta por ti o por otra tumba igual de rota,  quitarme recuerdos que me devuelven las personas y los objetos conocidos y que ya no viven en mí, pero ellos me obligan a fadar el piano y el cuchillo.
Me da igual acabar en una caravana sin motor ni ruedas, en un viejo gallinero que filtra la lluvia, en una caseta de pescadores o en una cueva. Si está la mar todo irá bien. El salitre en el pelo. La desnudez, el equipaje destruido por la sal. El pasado y el futuro borrado en la arena. El amor de la ola, de los peces, de todo lo perdido que es recuperado sólo por la mar.
Yo nací en un agujero, siempre extranjera, haciendo barcos con latas abolladas de cerveza que se atascaban en el puto alquitrán y no veían el agua sino cavando 200 metros bajo tierra su sepulto. Ya me advirtió el topo.
Estoy cansada. De piedra en la mano, de iros a morir donde los olivos digan de quién coño son y no se confundan esos cerdos que cuentan las monedas.  De nada de esto es mío. De todo lo que hice, fue por carnaval, nunca por estrategia, ni fin, ni razón, ni filosofía. De a lo único que me entregué fue a la risa de los perros.

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