HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado recogiendo sin parar, hasta ahora, que tomo aliento con una cerveza fría y un cigarro, puto cigarro. Todavía me quedan algunas cosas. Quiero dejar limpia ésta mesa.  Llevo también café, aceite, patatas, las verduras que tenía, las botellas de soja, la fruta, alguna legumbre. No quiero gastar mucho allá. Aunque sé que vendré con las manos en los bolsillos. Pero quiero estar todo el tiempo posible en la mar. 
No sé dónde estoy. Vivo en una alucinación, vivo en una fiebre que a veces me da la felicidad y a veces el suicidio.
De mi piel te me arrancaste, como un planeta destruido, como la ley de gravedad cosida en un fuego flotante y paria.
Los poemas ya no existen. Evoco el rubor de la ceniza. Las palabras son huérfanas de la sombra que pastan, de sangre y su desembocadura, donde nunca pasaremos del cuerpo ni de ningún camino.
Mis dioses son los árboles, las hierbas, los bichos, las estrellas, la mar. Pero no hay trascendencia nunca, arderse del instante, canta ahora, luego estarás muerto. Lo que no hayas amado desaparecerá contigo..

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