HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado sacando fotos. Jugando con el perro y el río. Descalzándome el peso de las piedras en la alegría del agua.
Luego reconocí en mí, una grieta evanescente, una angustia de bicicletas de fuego en el circo del fin del mundo. Y traté de sosegarme. Y me di cuenta que el único sosiego es la avalancha, y saltar al vacío de la vida y de los viajes, sin guardar la ropa ni la cartera en la orilla para después, sin ningún después sólo el ahora hasta que reviente el cielo.
Me di cuenta que esa grieta, hervía la ausencia. Y que debía expulsarla en cascada como el orgasmo de la mar.
Volver al amor, al sexo, al pan y al vino y los arándanos, a los nómadas escribiendo con palos quemados el grito de los mamut en pinturas que hacen llorar de alegría al corazón de las montañas, en esas grutas que atravesamos alguna vez cuando sólo éramos agua. 
Que ya no importa ni orgullo, ni perdón, ni lo contrario. Que sólo es bailar hasta pulverizar los huesos. 
Qué coño hacía tan sola buscando la palabra de las arrugas del chopo. Que qué de tantos años, nadando contra el mundo para hallar el agujero negro del poema. Que ya habrá tiempo de volarse la cabeza y perderla para siempre.

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