HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado trabajando con Maraiz.  He parado porque he llegado a un sitio, que tenía que dar una vuelta de campana y cambiar el tono que venía llevando, pero como aún lo arrastraba, espero un rato a que el vino traiga la noche. He cambiado muchas metáforas.. que en su término abstracto le quitaban fuerza, y lo volvían naif y retorcido.  He escrito demasiada poesía, y sufro sus vicios. Hay veces que el mejor verso, es el que no tiene ni lírica ni coartada, el que sólo es mundano, inevitable, imposible de camuflar en la belleza ni en la esperanza. 
Esto me ha hecho pensar, en ese uso de metáforas contra la realidad, del chantaje de ciertas palabras catalizadoras que se vuelven una quimera.  Mis palabras-fetiches, para cubrir, para hacer puentes, y que luego son derribados en mi camino, porque nacieron derribados en mi carne, y mi poesía quiso mentir, quiso callar, quiso desviar el peso de lo inevitable. 
Me doy cuenta que cuando escribo ese tipo de metáforas de mariposas saliendo de la boca de los cadáveres para que no huela a muerte, lo hago por el proceso personal del presente, para destruir el dolor, para tomar una esperanza que me haga seguir, pero eso es un error, porque lo que me haría seguir, tendría que saber primero a suicidio, y a pesar de ello, alzar el grito y el pensamiento.

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