HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He estado varias horas trabajando en el relato. Me ha gustado hacerlo. Porque no fue un ejercicio sólo mecánico de transcribir al ordenador.  Construí nuevos pasajes más a tiro y profundidad. Borré algunos que se hacían lírica innecesaria, de recrear atmósfera, de pillar el tono, de abusar de versos, de vanidad poética.....  O los errores de meter la voz del narrador en la voz del personaje. De explicar lo que el personaje jamás explicaría porque ya lo sabe.
El relato está escrito en unas dos semanas que viví en un camping al lado de la mar, solía escribir en la terraza del bar que estaba bajo la sombra de inmensos árboles, junto a una cerveza y un cigarrillo y otros campistas que iban y venían.
He disfrutado también porque había olvidado el cuerpo del relato. Sólo recordaba algunas pinceladas. Así que lo he podido trabajar con distancia, y sentirlo desde fuera de mí. 

Las páginas que tienen mayor número de tachones, son las que suelo reescribir.  Porque eso significa que allí hubo una contradicción, un nudo, una duda entre dos caminos, o un error político del pasado y el futuro. Las que están a tinta suelta sin borrones.. suelen estar inspiradas.  También he visto que en el proceso de escritura, cuando se me ocurría la idea siguiente, pero aún estaba escribiendo el tránsito o el final de la anterior, la dejaba pobre y cortaba, para ir rápido a la que me ardía en la mente. Y esas pobrezas rotas, las estoy arreglando ahora. 
Quiero acabar esto pronto, para volver a escribir otra historia.  Una historia que nazca, si es posible, de un lugar antagónico al que me encuentro. Porque cómo me ponga a escribir aquella de Molov y el aislamiento, Molov me va a devorar. Pero al final suelo sucumbir a ese hambre, porque estoy demasiado acostumbrada a escribir lo que me quema.

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