HAY UNA MENTIRA QUE ME HA CONVENCIDO PARA SIEMPRE Y ES QUE ESCRIBIR SIRVE DE ALGO

Ardidos

He vivido dentro del soliloquio. Por eso no concibo la realidad en otros términos, no la proceso, no me hecha raíces.  Tal vez si no me hubiera aislado, escribiría otro tipo de historias que no usarían los papeles, serían de teatro callejero, de danza, de grito en la plaza, y escándalo público al romper la paz de las estatuas.....  Si hubiera habido un vínculo más poderoso que el de la nada y la despedida, en la amistad, no me hubiera ido a matapalculo del páramo con esas hierbas levantadas entre tierra seca y lluvia. Y hubiera podido practicar el activismo político, como busqué hacerlo a los 15.
Pero mi rostro se volvió líquido. Y mi cuerpo incapaz a asir otro cuerpo. Se volvió un jodido problema existencialista, ser humana, ser sociable. Y al conocer las sirenas y sus violines, en la locura, mi piel se llenó de cicatrices de éter y de una terrible fragilidad vaporosa, ante el verbo del otro y del mio, frente al otro. Por eso escribo lo que escribo, por eso veo cómo se mueren los relojes persiguiendo semillas de chopo en la nieve del verano.  Por eso soy el delirio de la teoría, de la palabra sin mundo, de la sombra sin cuerpo, abriéndome la puerta y cosiéndome huesos y carne, para aguantar un par de horas el blues de los desaparecidos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario